Volver a casa después del trabajo
Se ha convertido en un pequeño ritual diario. Podría hacerlo en autobús, pero las sutiles diferencias: tiempo, aire, frío, ahora lluvia, son ya demasiado apetecibles. De una forma extraña me ayudan a pensar... o a olvidar. Y el sonido de mis pies sobre el asfalto, cuanto más tarde mejor, es un tic tac relajante, como el del despertador que me espera junto a mi cama. No hay prisa. Igual que ayer, descubriendo la ciudad casi vacía para mi, de madrugada, llena de semáforos que no tienen sentido, porque no hay nadie que vaya a detenerse ante ellos. Ahí donde es tan raro cruzar la mirada con un extraño todo se convierte en un diálogo, una amenaza, un suspiro.
Y sigo mi ruta, cuesta arriba y cuesta abajo. Según pasan los días conoces los secretos de esos recovecos, el atajo más rápido, los pequeños parques escondidos que no te atreves a atravesar de noche. Un hombre vestido con bata blanca te vende naranjas a un precio congelado hace años, en una calle que nunca habías visto y que dudas que siga allí al volver. Hay una librería en un sitio imposible, bazares y personas que pasean hablando en idiomas que suenan muy lejanos.
Volver a casa después del trabajo con música en los oidos a veces da ganas de bailar. O sólo deslizarse melancólicamente.
The neon lights in the night tonight will say
Everything will flow
The stars that shine in the open sky will say
Everything will flow
The lovers kissed with an openness will say
Everything will flow
The cars parked in the hypermarket know
Everything will flow

jamais vu dijo
Me gusta la imagen de la librería en un sitio imposible. La atenderá también alguien imposible? Un "comeletras" viejecito quizá?
Besos
21 Noviembre 2006 | 09:10 PM